Mucho leo sobre los gerentes tóxicos o el micromanagement y veo que las conclusiones son básicamente las mismas: falta de eficacia, exceso de control (fiscalización), nula autonomía y generación tanto de mal ambiente, como de falta de confianza.

Por el contrario, tengo los ejemplos derivados del óptimo despliegue de las habilidades directivas de un líder y su capacidad de hacer crecer a las personas y los equipos en pos de los resultados y de la sostenibilidad de los mismos.

En el ‘entremientras’ de ambos, encuentro al responsable cuya orientación al resultado imanta la brújula de la gestión con una única meta: la obtención de resultados o la consecución de objetivos …”como cuando salíamos por la noche, lo que importa es el objetivo… ¡y no hacemos prisioneros!”. Alta diligencia acompañada de nula empatía.

Confundir patrones o perfiles con personas es un error en el que caemos con facilidad, seguramente por el traslado que nuestro subconsciente hace del recuerdo de una mala experiencia ligado a la persona que la protagoniza. No es esa mi intención.

Lider Vs. Jefe

Y es que liderar y dirigir están muy requetebién definidos, pero ¿“jefar” o “jefear”?

Como ando escribiendo un pseudo-diccionario (6 palabras llevo y casi 100 páginas…) me pararé en dicho concepto y luego abriré un melón que espero me ayudéis a cortar. Ahí voy.

Jefar: (= Jefear) acción y comportamiento de un mando cuya finalidad es la de fiscalizar, tensar e incomodar la labor del subordinado, generando en éste falta de confianza, ansiedad ante la toma de decisiones, ausencia de autonomía y escaso desarrollo.

Ahí queda eso.

Pero, ¿y si nos encontramos los tres patrones en el mismo responsable?

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