He aprendido de las personas lo que no he visto escrito en ningún libro. Un ejemplo es la historia de alguien que conocí en un curso y que me dio una lección de perseverancia y valentía, que quiero compartir con vosotros.

Esta persona había despertado una mañana con un problema en el cuello que le había dejado sin poder girar la cabeza. La tenía ladeada y el diagnóstico en urgencias fue que no tenía remedio. Se había dañado el sistema nervioso y no iba a poder volver a la normalidad.

Como no podía creer las noticias, se fue a pedir una segunda opinión a un especialista. Su comentario no fue mejor, tenía que aprender a vivir con su cabeza mirando hacia un lado y resignarse a que su dolencia no tenía solución. Visitó a otro médico, y a otro, y a otro… y todos le decían lo mismo.

Siguió pidiendo opinión hasta que llegó a la doctora número 23. Cuando fue a visitarla, le contó su problema, le hizo unas pruebas y le confirmó el diagnóstico. Pero esta vez, le dio una solución diferente: “te voy a poner un tratamiento y seguramente vas a mejorar”. Con el tratamiento y ejercicio, fue poco a poco recuperándose hasta volver a la normalidad.

Yo le conocí a los dos años de su recuperación y seguía totalmente sano. Cuando terminó de contarnos su historia, todos teníamos una pregunta en la cabeza, que yo formulé en alto: “¿qué te hizo visitar 23 médicos?” Él respondió: “el convencimiento de que no quería vivir mi vida así”.

No sabe qué regalo me hizo con su relato. Cuando me he visto en una situación aparentemente insostenible, me he repetido “busca al médico 23” y esa frase me ha hecho perseverar hasta encontrar la solución. No quiero vivir mi vida con limitaciones y esta creencia me hace superarme.

En muchas ocasiones, no tenemos claro lo que queremos pero sí lo que no queremos. No sabemos muy bien nuestro objetivo pero sabemos perfectamente de lo que nos queremos alejar. Si eres así, no lo dudes, no te rindas, sigue con fuerza hasta llegar al “médico 23″.

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