Siempre me ha sorprendido la cantidad de personas de las organizaciones que viven la empresa desde la superficie. La mayoría de ellos realizan su trabajo de forma satisfactoria e incluso brillante sin conocer a fondo su organización ni sus posibilidades. Son las personas que dan título a este blog, porque son aquellas que la cultura popular dice que  “están a por uvas”. 

Otra parte de las organizaciones está compuesta por personas que sienten la llamada de la aventura de conocer y hacer más pero no saben cómo alcanzar ese nuevo nivel. Eso les provoca inquietud y, en algún caso, frustración. A veces, es fácil reconocer entre ellos un último grupo de personas que tiene conciencia de la profundidad de la organización y los límites a los que podría llegar.

Me gustaría poder asegurar que estas últimas personas coinciden con los líderes en las organizaciones pero no tiene porqué. No es el objeto de este blog y, por tanto, no entrará en ello, pero es algo obvio que se necesita mucho más para ser un líder y el conocimiento “despierto” de la organización no es algo imprescindible para serlo.

No entraré en definiciones ni polémicas ni citaré nombres conocidos del mundo de la empresa o la política. Cada lector puede poner los suyos.

En cuanto a las personas “a por uvas”, debo decir que en ningún caso esta expresión significa que sean superficiales sino que no tienen conciencia del potencial y que esto puede deberse a que simplemente no les interesa o no lo necesitan.

A por uvas jefa

Las estadísticas que he leído sobre este grupo de personas lo sitúan en torno al 80% de las personas de las organizaciones. Es decir, son el grupo que constituye la columna vertebral de la empresa y en el que reside la cultura común.

El 20% restante se divide entre personas inquietas, frustradas y conscientes. Las mismas estadísticas sitúan al grupo de frustrados en torno al 6%, por lo que para cualquier  evolución de la organización descansa en un 14% de las personas.

Si en este último grupo se incluyen los líderes, las posibilidades de alcanzar la excelencia se multiplican porque resulta posible localizar los problemas y resolverlos, además de detectar los elementos diferenciadores de la organización y darles el valor que merecen.

Si, finalmente, los líderes localizan y forman una masa crítica de cambio con el resto del 14% de personas, resulta posible agitar a la organización y despertarla de la complacencia para llevarla realmente a la Visión y asegurar su grandeza.

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