Me gusta ver cómo una persona se va descubriendo a través de un proceso de coaching, cómo va reconociendo lo que ya es, lo que ya tiene, lo que ya vale, y cómo estas habilidades le engrandecen para salir adelante.

En los diez años que llevo acompañando a ejecutivos, me he dado cuenta de que todos ellos ya tienen lo que necesitan pero no lo saben apreciar. Reconectar con su fuerza, con sus recursos, les hace sentirse capaces de solucionar sus dificultades y ser ejemplo para sus equipos.  Como cualquier persona, tienen sus creencias limitantes, sus miedos, sus barreras, pero poco a poco se van disolviendo para dar entrada a la claridad que hace fácil lo difícil.

Grandes empresas necesitan grandes líderes pero esto no es posible si primero no aprenden a liderarse a sí mismos. Para eso estamos los coaches, para sostener el proceso y a través de la conversación y diferentes dinámicas, conseguir aportar aquellas preguntas que nuestro cliente todavía no se ha hecho.

Ahora pienso cuántas veces en mi vida hubiera necesitado alguien que, sin estar implicado conmigo, me hubiera hecho ver la situación desde fuera. Cuántas cosas hubiera descubierto mucho antes, cuántas personas hubiera disfrutado más y cuántas hubiera sufrido menos, cuántas preocupaciones me hubiera ahorrado.

Las pautas para comenzar a vivir tu vida con la sensación de ser su dueña, con la libertad de poder elegir, son más sencillas de lo que creemos, pero no nos las enseñaron o tal vez si, aunque no las supimos escuchar. De cualquier modo, de poco sirve buscar culpables o repartir responsabilidades; es mucho más productivo decidir en este momento cómo queremos continuar.

Yo ya lo he aprendido e interiorizado, ya sé vivir las situaciones de diferente manera, para estar tranquila y ser más efectiva; para reconocer lo que me interesa y desechar lo que no;  y, sobre todo, para elegir cómo vivir mi vida.

Y tú ¿lo sabes?

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